El llamado de Dios, comienzo del ministerio.

Todo comenzó en el año 2001, cuando el Señor Jesucristo trató con el corazón del hermano Gustavo Mejia para que empezara a buscar más la presencia de Dios.
Poco después, dejó su trabajo secular debido a las claras señales y pautas que el Señor estaba estableciendo en su vida.
A través de los siguientes meses, el corazón de Gustavo empezó a inquietarse más, al grado que sintió que Dios lo estaba preparando para una vida completamente consagrada al Señor.
Aunque al inicio nada fue fácil y con poco apoyo, él empezó a predicar en algunas iglesias pequeñas, donde el poder de Dios empezó a manifestarse de modo tangible y verdadero.

Evangelista Gustavo Mejía

La Palabra de Jesucristo es real y cuando predicamos con el corazón,  las  señales  y  maravillas   sólo  son  un  resultado  natural.  Una invitación  de  una  iglesia  lo  llevó  a  la  siguiente  y así, hasta que en un momento  de  gran  necesidad, obedeció el llamado del Señor y salió con su familia  y  sus  tres  pequeños  hijos  rumbo al Estado de Veracruz, México, donde  tuvo  una  visión nocturna.  Su familia permaneció en una población, mientras  que  el  hermano   Gustavo   viajaba   de  congregación  en congregación, conforme el Señor le  abría las puertas de muchas y variadas iglesias.  Todavía  había muchas interrogantes y el ministerio aún no estaba bien definido,  pero  durante  algunos  días  de oración y ayuno con algunos hermanos  en  Cristo y su  esposa  Blanca,  el Señor dijo,  ”eres alguien que lleva  la  salvación  de  Jesucristo  a los pueblos.  Eres llamado a conquistar poblaciones con el evangelio de Jesucristo”.

Dios ha sido fiel y les ha provisto de todo lo necesario para llevar a cabo esta visión y para dar a conocer a Jesucristo como el único salvador para cada hombre y mujer que lo desee. Como ha dicho el hermano Gustavo, la misión de este ministerio es, "Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todo hombre y mujer pueda llegar a la salvación que solo Cristo da. Significa estar conscientes de esta salvación confesando a Jesucristo como Señor y Salvador, a quién damos toda la honra y la gloria . Sabiendo que toda nuestra devoción es para el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Reconociendo que todos los milagros que suceden provienen sólo del poder del Espíritu Santo. Predicamos al Señor Jesucristo con la demostración de señales y milagros del Espíritu de Dios.(1 Corintios 2:1)
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